domingo, marzo 04, 2007
¿A dónde vas Llorona?
De pronto, todos los perros del barrio comenzaron a aullar, no duró mucho el coro, quiza unos 20 segundos. Luego de eso vino un silencio y después ladridos envalentonados.
No quise levantarme y acercarme a la ventana, mi vena cargada de leyendas mexicanas me dijo que había pasado alguna energía cerca de los perros; la llorona o el nahual.
El miedo representó un auténtico vallium.
viernes, octubre 13, 2006
Extirpar el dolor
Nunca te había visto llorar así. No te conocí cuando tenías cinco años porque yo aún no llegaba a este mundo, pero tu llanto era como el de tu hija, mi sobrina, cuando sus lágrimas salían desconsoladamente y su boca emitía un lamento constante. Aunque ella lloraba porque se pinchaba el globo, porque la piñata tan bonita de su fiesta de cumpleaños finalmente se había quebrado o simplemente porque no había llorado en todo el día. Pero la expresión de tu cara era idéntica a la de aquella niña que tantas veces consolé y que con mis muecas convertí su llanto en risas que evaporaban las lágrimas y sofocaban los lamentos con carcajadas.
Yo regresaba de ver el estado de los trámites burocráticos en el área de admisión del hospital y tú estabas sentada en una jardinera de la explanada. Estabas con él, el dueño de la toalla con su pronombre bordado, sus abrazos y el sol del mediodía parecían no calentar, siquiera un poco. Tampoco removían el terror acumulado que significa para ti, y para todos los tuyos, ingresar de nuevo al quirófano. La impotencia de soportar la inmunidad al dolor ajeno que han desarrollado enfermeras, camilleros y residentes del lúgubre nosocomio.
No quise acercarme, a lo lejos observé y respeté la intimidad que merecía tu dolor.
Desde 1999 dejaste de contar tu edad en años y ahora la cuentas en operaciones, que ocho años después suman 33, la edad del Cristo. Afortunadamente en está última operación tu vida, una vez más, fue prolongada por las bendecidas manos del doctor Fer, ese cazador de demonios, y su equipo. El mal parido liposarcoma nos ha trastocado la vida a todos los que te queremos, devora tu fuerza y la convierte en miedo. Pero no ha podido robarse la luz de tu mirada ni tu fuerza de voluntad para combatirlo todos los malditos días que se ha mantenido alojado en tu cuerpo el grandísimo hijo de puta.
Por fortuna nos queda una última carta por jugar, quisiera creer que podemos ganar pero depende absolutamente del odioso azar.
Te amo hermana, tu dolor es también mío y si pudiera te daría mi vida.
miércoles, enero 18, 2006
Ociocidad
Escribir un blog parece una ociocidad malsana y un sentimiento de soledad tremenda en el ciber espacio .
Es seguro que todo lo que un blogger tenga que decir es sin duda importante pero no parece que el mundo necesite verse sumergido en un mar de egos colectivos.
Sin embargo es interesante contar con un espacio para el desahogo, para sentimientos contenidos en ciudades cada vez más grandes.
Resultaría difícil imaginar recitar el blog personal al compañero de viaje en el metro o al taxista que nunca le faltan ganas de platicar.
Ok mundo aquí un comentario para que no se diga que quien esto escribe se ha quedado atrás en lo digital fashion.
Este blog no promete periodicidad ni contestar comentarios es un ejercicio solitario y egoista.

